APLAUSO DE CIELO 18 PARTE

 


APLAUSO DE CIELO 18 PARTE

DICHOSOS… LOS POBRES EN ESPÍRITU…

3: LOS POBRES PUDIENTES

Es por eso que el joven dirigente rico pensó que lo único que lo separaba del cielo era un pago. Tenía sentido. Uno trabaja duro, paga lo que debe y «zas»… es acreditado a su cuenta el pago total. Jesús dice: «De ninguna manera». Lo que usted quiere cuesta mucho más de lo que pueda pagar. No necesita un sistema, necesita un Salvador. No necesita un curriculum vitae, lo que necesita es un Redentor. Pues «Para los hombres es imposible![…] pero todo es posible para Dios».  No pierda el enfoque de este versículo: Usted no puede salvarse a sí mismo. No puede hacerlo por medio de ritos. No puede hacerlo por medio de una doctrina correcta. No puede hacerlo por medio de una devoción adecuada. No puede hacerlo por medio de la piel de gallina apropiada. El punto que destaca Jesús es claro como el cristal. Es imposible que los seres humanos se salven a sí mismos.

Verá usted, no era el dinero lo que estorbaba al joven rico; era la autosuficiencia. No eran las posesiones; era la pompa. No eran las grandes cantidades de billetes; era la cabeza inflada. «¡Cuán difícil es para un rico entrar en el reino de los cielos!»  No sólo los ricos tienen dificultad. También los educados, los fuertes, los de buen parecer, los populares, los religiosos. También la tiene usted si piensa que su piedad o poder lo hace apto como candidato para el reino. Y si le cuesta digerir lo que dijo Jesús al joven dirigente, entonces la descripción que hace del día del juicio final se le atorará en la garganta. Es una imagen profética del día final: "Muchos dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?”» 

Sorprendente. Esta gente está delante del trono de Dios jactándose de sí misma. La gran trompeta ha sonado, y siguen tocando las suyas. En lugar de cantar alabanzas a Él, cantan Lucas 18.27 . Marcos 10.23 . Mateo 7.22 . las propias. En lugar de adorar a Dios, leen su curriculum vitae. Cuando debieran estar mudos, hablan. Estando en presencia misma del Rey se jactan de ellos mismos. ¿Qué cosa es peor: su arrogancia o su ceguera? Uno no impresiona a los oficiales de la NASA con un avión de papel. Uno no se jacta de sus bosquejos a lápiz en la presencia de Picasso. Uno no declara ser igual a Einstein porque puede escribir «H 2 O». Y por cierto que uno no se jacta de su bondad en la presencia del Perfecto. «Entonces les diré claramente: “Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, malhechores”». Continuará...


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