APLAUSO DE CIELO 19 PARTE
DICHOSOS… LOS POBRES EN ESPÍRITU…
3: LOS POBRES PUDIENTES
Anótelo. Dios no nos salva por lo que hemos hecho. Únicamente un dios endeble podría ser comprado con diezmos. Sólo un dios egoísta quedaría impresionado ante nuestro dolor. Sólo un dios temperamental quedaría satisfecho mediante sacrificios. Sólo un dios desalmado vendería la salvación a los mejores postores. Y sólo un Dios grande hace por sus hijos lo que ellos no pueden hacer por sí mismos. Ese es el mensaje de Pablo: «Porque lo que la ley era incapaz de hacer[…] lo hizo Dios». Y ese es el mensaje de la primera bienaventuranza. «Dichosos los pobres en espíritu»
La joya de gozo es dada a los espíritus empobrecidos, no a los pudientes. El deleite de Dios se recibe al rendirse, no se otorga al conquistar. El primer paso hacia el gozo es un pedido de ayuda, un reconocimiento de desamparo moral, una aceptación de escasez interior. Los que prueban la presencia de Dios han declarado quiebra espiritual y están conscientes de su crisis espiritual. Sus alacenas están peladas. Sus bolsillos están vacíos. Sus alternativas se han ido. Hace mucho que han dejado de exigir justicia; suplican misericordia. No se jactan; ruegan. Le piden a Dios que haga por ellos lo que no pueden hacer sin Él. Han visto cuán santo es Dios y cuán pecadores son ellos y han estado de acuerdo con la declaración de Jesús: «La salvación es imposible». Qué ironía la del deleite de Dios, nacido en la tierra seca del desamparo en lugar de nacer en el suelo fértil de la realización. Es una senda diferente, una que no estamos acostumbrados a tomar. No declaramos con frecuencia nuestra impotencia. El reconocimiento del fracaso no suele ser la entrada al gozo. No es común que la confesión completa sea seguida de un perdón total. Pero, por otro lado, Dios nunca ha sido gobernado por lo que es común. Mateo 7.23 . Romanos 8.3 . Frederick Dale Bruner aclara esto al interpretar a Mateo 5.3 : «Dichosos los que sienten su pobreza!…] y claman por eso al cielo». La palabra utilizada por Jesús al decir «pobres» es un vocablo que, al usarse en su sentido básico, «no significa el que es tan pobre que debe trabajar diariamente para vivir, sino el mendigo, aquel que depende de otros para su sostenimiento». William Hendricksen,

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