APLAUSO DE CIELO 20 PARTE
…PORQUE EL REINO DE LOS CIELOS ES DE ELLOS.
4: EL REINO DEL ABSURDO
El reino de los cielos. Sus ciudadanos están ebrios de asombro. Considere el caso de Sarai. Está en sus años dorados, y Dios le promete un hijo. Ella se emociona. Visita la tienda de ropa de maternidad y compra algunos vestidos. Planifica el baby shower y remodela su tienda… pero el hijo no llega. Se come algunos pasteles de cumpleaños y apaga muchas velas… pero el hijo aún no llega. Acaba una década de calendarios de pared… y el hijo todavía no llega. Así que Sarai decide tomar el asunto en sus manos. («Quizás Dios necesita que me ocupe de esta cuestión».) Convence a Abram de que el tiempo se está acabando. («Reconócelo, Ab, tampoco tú te has vuelto más joven».) Le ordena a su sierva, Agar, entrar a la tienda de Abram para ver si necesita algo. («¡Y quiero decir «lo que sea»!) Al entrar Agar es una sierva. Al salir es una mamá. Y se inician los problemas.
Agar la trata con desprecio. Sarai está celosa. Abran está mareado a causa del dilema. Y Dios llama al bebé un «asno montés», un nombre adecuado para uno que ha nacido de la obstinación y cuyo destino es entrar a la historia dando coces. No es la familia acogedora que había esperado Sarai. Y no es un tema que traten con frecuencia Abram y Sarai mientras cenan. Al fin, catorce años después, cuando Abram está próximo al siglo de vida y Sarai tiene noventa… cuando Abram ha dejado de prestar atención a los consejos de Sarai, y Sarai ha dejado de darlos… cuando el empapelado del cuarto del bebé ha perdido su color y el mobiliario de bebé ha pasado de moda… cuando el tema del hijo prometido evoca suspiros y lágrimas acompañados de miradas lánguidas dirigidas a un cielo silencioso… Dios los visita y les dice que más vale que escojan un nombre para el hijo que ha de venir. Abram y Sarai tienen la misma respuesta: risa. Se ríen, en parte, porque es demasiado increíble que suceda, y en parte porque podría llegar a suceder. Se ríen porque han abandonado la esperanza, y la esperanza que renace siempre es graciosa antes de hacerse real. Continuará...

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