APLAUSO DE CIELO 22 PARTE
…PORQUE EL REINO DE LOS CIELOS ES DE ELLOS.
4: EL REINO DEL ABSURDO
Dos mil años más tarde, he aquí otro testimonio: «Lo último que quería hacer era pescar. Pero eso era exactamente lo que quería hacer Jesús. Yo había pescado toda la noche. Me dolían los brazos. Me ardían los ojos. Tenía el cuello dolorido. Lo único que deseaba hacer era ir a casa y dejar que mi esposa me masajeara hasta quitarme los nudos de la espalda. »Fue una noche larga. No sé cuántas veces lanzamos la red a la oscuridad para escucharla golpear el mar. No sé cuántas veces sostuvimos la soga mientras la red se hundía en el agua. Toda la noche habíamos esperado sentir ese golpe, ese tirón que nos indicara que debíamos jalar para meter la pesca a la barca… pero nunca ocurrió. Al amanecer, estaba listo para ir a casa. »Justo cuando estaba a punto de alejarme de la playa, noté una multitud que se acercaba a mí. Seguían a un hombre larguirucho que se desplazaba con un balanceo amplio y paso largo. Me vio y dijo mi nombre. “¡Buenos días. Jesús!” le respondí. Aunque estaba como a dos metros de distancia, podía ver su blanca sonrisa. “Qué multitud, ¿no?” exclamó, señalando a la masa que estaba detrás de Él. Asentí con la cabeza y me senté a observar.
»Se detuvo cerca de la orilla del agua y comenzó a hablar. Aunque no alcanzaba a escuchar mucho, podía ver bastante. Podía ver que venían cada vez más personas. Con tanta presión y empuje, es un milagro que a Jesús no lo hayan empujado al agua. Ya estaba con el agua hasta las rodillas cuando me miró. »No lo pensé dos veces. Se metió a mi barca, y Juan y yo lo seguimos. Lo empujamos alejándonos un poco de la orilla. Me apoyé en la proa, y Jesús empezó a enseñar. »Parecia que la mitad de Israel estaba en la playa. Los hombres dejaron su trabajo, las mujeres dejaron de lado sus tareas domésticas. Incluso reconocí a algunos sacerdotes. ¡Todos escuchaban! Apenas se movían, y sin embargo, sus ojos danzaban como si de algún modo lograran ver lo que podrían llegar a ser. »Cuando Jesús terminó, se volvió hacia mí. Me puse de pie y empecé a levar el ancla cuando dijo: “Lleva la barca hacia la parte más profunda, Pedro. Pesquemos”. »Me quejé. Miré a Juan. Ambos pensábamos lo mismo. Mientras quisiera usar la barca como plataforma, era aceptable. Pero usarla como barca de pesca, ese territorio era nuestro. Continuará...

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