APLAUSO DE CIELO 50 PARTE

 


APLAUSO DE CIELO 50 PARTE

…PORQUE SERÁN SACIADOS

10: LA VIDA EN LA FOSA

En cambio Andrea, de tres años de edad, tuvo algunas dificultades. Ni bien dio un paso en la fosa, se cargó los brazos de pelotas. Ahora, es bastante difícil caminar por la fosa hundido en pelotas hasta la cintura con los brazos extendidos haciendo equilibrio. Y con los brazos cargados resulta imposible. Andrea dio un paso y se cayó. Intentó incorporarse luchando sin soltar las pelotas. No podía hacerlo. Comenzó a llorar. Caminé hasta el borde de la fosa.  —Andrea —dije suavemente—, suelta las pelotas y podrás caminar. —¡No! —gritó, mientras se sacudía y se sumergía debajo de las pelotas. Extendí mis brazos y la levanté. Seguía aferrada a su brazada de tesoros. — Andrea —dijo su padre sabio y paciente—, si sueltas las pelotas, podrás caminar. Además, hay suficientes pelotas cerca de la mesa. —¡No! Dio dos pasos y se volvió a caer. No se permite que los padres entren a la fosa. Intenté alcanzarla desde el borde, pero no podía. Estaba en algún punto debajo de las pelotas, así que hablé dirigiéndome hacia la zona donde se había caído. —Andrea, suelta las pelotas para que te puedas levantar. Vi que había movimiento debajo de las pelotas. ¿Noooo! —Andrea —dijo su padre un poco agitado—. Te sería posible levantarte si soltases las… —¡¡¡¡¡Nooooo!!!!! —Jenna, ven a ayudar a tu hermana para que se pueda levantar.

A esta altura los demás padres comenzaban a mirarme. Jenna se desplazó por el lago de pelotas hacia el lugar donde estaba su hermanita. Metió la mano dentro de la fosa e intentó ayudar a Andrea a incorporarse. Jenna no tenía la fuerza suficiente y Andrea no podía ayudar porque seguía aferrada a las mismas pelotas que había agarrado al principio. Jenna se enderezó y mirándome, sacudió la cabeza. —No la puedo levantar, papá. —Andrea —dijo con fuerza su padre, cuya irritación iba en aumento—, ¡suelta las pelotas para que te puedas levantar! El grito que venía de lo profundo de las pelotas sonaba apagado, pero claro. —¡¡¡¡¡Nooooo!!!!! «Maravilloso», pensé. «Ella tiene lo que quiere y seguirá aferrada aunque eso la mate». —Jenna —dijo con firmeza su padre visiblemente enojado—. Quítale esas pelotas a tu hermana. Jenna se zambulló, hurgando por las pelotas como un cachorro que cava en la tierra. Supe que había encontrado a su hermanita y que las dos luchaban a muerte cuando comenzaron a desplazarse olas de pelotas sobre la superficie de la fosa. A esta altura los demás padres estaban susurrando y señalando. Miré con expresión de desaliento al empleado que vigilaba la fosa. Ni tuve que decir palabra. —Entre —me dijo. Continuará...


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