APLAUSO DE CIELO 77 PARTE
…PORQUE SERÁN LLAMADOS HIJOS DE DIOS.
15: EL PALO ENGRASADO DEL PODER
Encontraron el cuerpo tal como Carlomagno lo había solicitado. Sólo que ahora, casi dos siglos más tarde, la escena era grotesca. La corona estaba ladeada, el manto apolillado, el cuerpo desfigurado. Pero abierto sobre los muslos del esqueleto estaba el libro que Carlomagno había solicitado: la Biblia. Un dedo huesudo señalaba a Mateo 16.26 : «¿De qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?» Usted puede dar la respuesta. Al ir tomando forma estos pensamientos sobre el poder, debí asistir a un banquete. Ahora bien, en la lista de cosas que prefiero hacer en una noche libre, asistir a un banquete figura en una de las últimas posiciones. La idea evoca imágenes de comida fría, salas calientes, sistemas de sonido de mala calidad, oradores de largo tiro y manchas de salsa en mi corbata. Disculpe mi falta de adaptación social, pero para mí es preferible una buena película o un juego de béisbol.
Este banquete en particular no había logrado hacerme cambiar de opinión. Era una ceremonia de entrega de premios donde estaban sobrevendidas las entradas y había empezado tarde. Al maestro de ceremonias le costaba mantener atentos a todos los presentes. Competía con la escuadrilla de camareros que entraban y salían cada trece segundos. Los premios fueron entregados con minucioso detalle. Fueron aceptados con gratitud explícita y verborrágica. Empecé a mirar mi reloj y masticar cubitos de hielo. Fue entonces que presentaron al rey. «¿Un rey?» Eché una mirada a mi alrededor, pensando que vería un manto y una corona. No fue así. Sí, vi un joven bien vestido que era escoltado hasta la plataforma. «Conque así luce un rey», pensé. Otros deben haber estado tan intrigados como yo. El sitio estaba en silencio. Su nombre era Rey Goodwill. Era la séptima generación de reyes de la tribu Zulú en África. Título impresionante. Pero aun más significativo era el hecho de que el mismo Rey Goodwill también tenía un Rey. Goodwill era creyente. Había aceptado a Cristo como Señor y estaba animando a su nación para que hiciese lo mismo. A pesar de que todo el discurso del Rey Goodwill fue digno de mención, fue su primera frase la que copié en mi agenda: «Soy un rey, pero los saludo como hermanos». Un rey que me considera hermano suyo. Un gobernante que me da la bienvenida a su familia. Realeza concedida libremente. Continuará...

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