DAVID: LA VIDA DE LA FE parte 23


 DAVID: LA VIDA DE LA FE parte 23

Introducción

Dios veía en Agag a aquel que, con todo su refinamiento, se opondría a Israel más fuertemente que nunca. Este era el fundamento de su controversia con Amalec, y que Saúl era absolutamente incapaz de comprender y de apreciar.  

El fin del capítulo muestra claramente cuál era la corriente de los pensamientos y de los deseos de Saúl. Recién acababa de oír el solemne llamado de Samuel y las declaraciones de Dios contra él; declaraciones que concluían con estas solemnes palabras: Entonces Samuel le dijo: “Jehová ha rasgado hoy de ti el reino de Israel, y lo ha dado a un prójimo tuyo mejor que tú” (v. 28). Estas palabras fulminantes todavía resonaban en sus oídos, pero tan lleno estaba de sí mismo que puede decir: “Te ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel” (v. 30). Tal era Saúl. “El pueblo”, alega, “perdonó” lo que debía ser destruido (v. 15), la falta fue de ellos, pero, a mí, «hónrame». ¡Qué vanidad! ¡Un corazón sumido en la iniquidad y que busca el honor de parte de gusanos como él! Rechazado por Dios en cuanto al cargo que le había sido confiado, se aferra al pensamiento de ser honrado delante de los hombres. Parece que, con tal de conservar su lugar en la estima de su pueblo, poco importa lo que Dios piensa de él. Pero Dios lo había desechado, y el reino había sido desgarrado de él; no importaba demasiado que Samuel volviese con él y estuviese presente, mientras Saúl cumpliera sus formas de culto a Jehová, a fin de no perder su rango e influencia a los ojos del pueblo. Continuará...


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