DAVID: LA VIDA DE LA FE parte 49
2- EL VALLE DE ELA
Lo habían buscado, no por lo que era, sino por lo que tenía. Por eso, cuando les presenta esta declaración: “Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Juan 6:53), vemos que “desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él” (Juan 6:66). Entonces, comer su carne y beber su sangre, es, en otros términos, el alma que encuentra su alimento, su satisfacción, en la ofrenda de Sí mismo en sacrificio por nosotros.
Todo el evangelio de Juan es el desarrollo de la gloria personal de la Palabra o el Verbo hecho carne, quien se nos presenta como “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Pero el corazón natural no podía recibirlo como tal, y por eso “muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él”. La mayoría de los discípulos no podía soportar que se les insistiera acerca de esta verdad; pero escuchemos el testimonio de uno que fue enseñado por Dios: “Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Juan 6:68-69). Tenemos dos cosas en estas palabras del apóstol: primero, lo que Cristo tenía para ellos: la vida eterna que daba; y, en segundo lugar, lo que era para ellos, esto es, el Santo de Dios. Mediante lo primero, el pecador es atraído a Él, y mediante lo segundo, el santo es ligado a su Persona. No sólo satisface por su obra todas las necesidades de nuestras almas, como pecadores, sino que, por su Persona, también satisface todos nuestros afectos y deseos, como santos. Esta sucesión de pensamientos es claramente sugerida por la tan interesante y conmovedora entrevista entre David y Jonatán, una vez finalizado el combate. Continuará...

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