GÉNESIS PARTE 11
Capítulo 1
POTESTAD Y MAJESTAD DE DIOS EN LA OBRA DE LA CREACIÓN
Las tinieblas y la luz
La cuestión ya no es si Dios puede salvar al pobre pecador impotente, no es si puede Él borrar sus pecados y recibirle bajo la nueva ley de una justificación divina. Dios ha dicho: “No es bueno que el hombre esté solo” (v. 18), y, si preparó para el primer hombre una ayuda idónea, mucho menos dejará al Segundo Hombre sin “ayuda”. Así como en el primer caso habría habido un vacío en la nueva creación sin Eva, así también —y la idea nos asombra por su grandeza— en el caso del Segundo Hombre habría habido un vacío en la nueva creación si no existiera la Esposa, que es la Iglesia.
Estudiemos ahora la manera en que Eva llegó a existir, aunque al hacerlo nos anticipemos a una parte del contenido del segundo capítulo. En toda la creación no se hallaba una compañera idónea para Adán. Fue necesario que un sueño profundo cayera sobre él y que su compañera fuera sacada de su costado para compartir con él el dominio y la dicha de su mundo feliz. “Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne: ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada” (cap. 2:21-23).
Continuará...
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