TÚ Y TU CASA CAPÍTULO 41
El cristiano en el hogar
C. H. Mackintosh
LA CASA DEL CREYENTE EN EL NUEVO TESTAMENTO
Para resumir, la propia voluntad de mis hijos revela la propia voluntad de mi propio corazón, y un Dios justo se sirve de ellos para castigarme a mí, por cuanto yo no me he castigado a mí mismo, no supe juzgarme a mí mismo. Ver el asunto desde este ángulo es particularmente solemne, y demanda un profundo escudriñamiento del corazón. Para ahorrar disgustos, hemos dejado que el mal siga su curso en nuestra familia, y ahora mis hijos han crecido alrededor de mí y son como espinas en mi costado, porque no los he educado para Dios. Tal es la historia de miles de familias. Jamás deberíamos perder de vista el hecho de que nuestros hijos, así como nosotros también, deberían servir para “la defensa y confirmación del evangelio” (Filipenses 1:7).
Estoy convencido de que, si sólo fuésemos llevados a considerar nuestras casas como un testimonio para Dios, ello produciría una profunda reforma en nuestra manera de gobernarlas. Buscaríamos entonces establecer un orden moral más elevado, no con el objeto de evitarnos disgustos o enfados, sino más bien para que el testimonio no sufra a causa del desorden de nuestras casas.
Mas no olvidemos que, para poder subyugar la naturaleza en nuestros niños, es menester primeramente subyugarla en nosotros mismos. Jamás podremos vencer a la carne mediante la carne. Sólo cuando la hayamos quebrantado en nosotros mismos, estaremos en condiciones de avasallarla en nuestros hijos. Continuará...
Me interesa que la gente pueda leer buenos libros y especialmente la biblia, en mi perfil de Facebook publico un capítulo diario de la biblia
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