PEREGRINOS Y EXTRANJEROS: COMO NO CREER EN DIOS

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EL DISCÍPULO EN UN TIEMPO MALO Parte 3

 


EL DISCÍPULO EN UN TIEMPO MALO Parte 3

LA ACTITUD DEL HOMBRE DE FE SUPERIOR A LAS CIRCUNSTANCIAS 

Así juzgó también David cuando, en el valle de Ela, denominó al pobre ejército tembloroso de Israel “los escuadrones del Dios viviente” (1 Samuel 17:26). Fue el juicio de Elías cuando construyó un altar sobre el monte Carmelo con “doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob” (1 Reyes 18:31). Fue el juicio del mismo Daniel cuando, en una etapa más avanzada de su historia, abrió su ventana y oró vuelto hacia Jerusalén (Daniel 6:10). Fue el juicio de Pablo cuando, en vista de la avasalladora corriente de apostasía y corrupción que estaba por llegar, exhorta a su hijo Timoteo en estos términos: “Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste” (2 Timoteo 1:13). Fue el juicio de Pedro cuando, previendo la disolución de todas las cosas, anima a los creyentes a procurar “con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz” (2 Pedro 3:14). Fue el juicio de Juan cuando, en medio del desborde de las pretensiones eclesiásticas, exhorta a su amado Gayo a no imitar “lo malo, sino lo bueno” (3 Juan 11). Fue, por fin, el juicio de Judas cuando, en presencia de la más abominable impiedad, anima a un amado remanente con estas palabras: “Edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna” (Judas 20-21). En una palabra, era el juicio del Espíritu Santo, y por esta razón era el de la fe. Todo eso confiere inmenso valor e interés a la determinación tomada por Daniel, tal como se expresa en el primer capítulo de este libro: “Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse” (versículo 8). Habría podido decirse a sí mismo naturalmente: «¿De qué serviría que un pobre y débil cautivo buscara guardar un lugar de separación? Todo está destruido. Es imposible conservar un verdadero espíritu de nazareo en medio de una ruina tan completa y de semejante decadencia: será mejor que me conforme al estilo de vida y a las costumbres del país donde resido». 

Pero no; Daniel se colocaba sobre un terreno más elevado. Sabía que su privilegio era vivir en tal intimidad con Dios en medio del palacio de Nabucodonosor como si estuviera dentro del mismo recinto de Jerusalén. Sabía que cualquiera que pudiese ser la condición exterior del pueblo de Dios, había una senda de devoción y fidelidad abierta individualmente a cada santo, y que puede recorrer a pesar de todo. Y ¿no podemos añadir que el nazareato de Babilonia posee encantos tan atractivos y eficaces como el nazareato de Canaán? Sin ninguna duda. Es inefablemente precioso y espléndido encontrar uno de los cautivos en Babilonia, anhelando fervientemente una separación tan austera, e incluso haciéndola realidad. Hay allí, a la vez, una gran lección para todos los siglos, un ejemplo muy adecuado para animar y conmover a los creyentes en todas las dispensaciones, y una bendita demostración de que, en medio de las más espesas tinieblas, un corazón devoto puede gozar de una senda soleada que ninguna nube podrá oscurecer.  Pero esto no podría ser así, si Jesucristo no fuese “el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8). Las dispensaciones cambian y desaparecen. Las instituciones eclesiásticas se derrumban y se hacen polvo. Los sistemas humanos se tambalean y finalmente caen; pero el nombre de Jehová permanece para siempre, y su memoria de generación en generación (Salmo 135:13; 102:12). Sobre este elevado terreno santo se emplaza la fe. Se eleva sobre todas las vicisitudes, para gustar de una dulce conversación con la eterna e inmutable Fuente de todo bien verdadero. Continuará...


PEREGRINOS Y EXTRANJEROS: CANCIÓN DE ALEGRÍA

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EL DISCÍPULO EN UN TIEMPO MALO Parte 2

 


EL DISCÍPULO EN UN TIEMPO MALO Parte 2

LA ACTITUD DEL HOMBRE DE FE SUPERIOR A LAS CIRCUNSTANCIAS 

Así puede razonar la naturaleza; pero no es ése el lenguaje de la fe. ¡Bendito sea Dios! existe siempre una esfera bastante extensa para que pueda desplegarse un espíritu de verdadera devoción; siempre hay también un camino que el verdadero discípulo puede recorrer, aun cuando deba hacerlo en la soledad. Cualquiera que sea el estado de las circunstancias exteriores, la fe no se enfoca en ellas; su privilegio es depender de Dios, nutrirse de Cristo y respirar la atmósfera del cielo, tan plenamente como si todo estuviese en una armonía y un orden perfectos. ¡Qué gracia inefable tenemos allí para el corazón fiel! Todos los que desean marchar fielmente, encontrarán siempre una senda por la cual andar; mientras que los que ven en las circunstancias exteriores un pretexto para menguar las energías, no obrarán nunca con fidelidad y decisión, aun cuando se encuentren en la situación más favorable. 

Si alguna vez hubo un tiempo en que la debilidad del testimonio habría podido tener un buen pretexto, fue, incuestionablemente, durante la cautividad de Babilonia. Todo el edificio del judaísmo había sido derribado; el poder real había pasado de manos del sucesor de David a manos de Nabucodonosor; la gloria se había retirado de Israel; en una palabra, todo parecía haberse marchitado y desaparecido para siempre. Nada les quedaba a los hijos de Judá en su exilio, excepto colgar sus arpas sobre los sauces y sentarse “junto a los ríos de Babilonia”, para derramar sus lágrimas por la gloria traspasada (1 Samuel 4:22), el brillo empañado y su grandeza perdida (véase Salmo 137).Tal podría ser el lenguaje de la ciega incredulidad; pero —¡bendito sea Dios!—, cuando todo parece haber llegado al estado más miserable, la fe se eleva para obtener un triunfo glorioso: y la fe, lo sabemos, es la única base real en la cual el discípulo puede apoyarse para actuar. No busca ningún apoyo en los hombres ni en las circunstancias exteriores: todos sus recursos están en Dios. Por eso la fe jamás brilla con un resplandor tan vivo como cuando todo es tinieblas alrededor de ella. Cuando el horizonte se halla cargado de las más oscuras nubes, la fe se calienta al sol de la gracia y la fidelidad divinas. Por ello Daniel y sus compañeros fueron capaces de superar las dificultades particulares de su tiempo. Estimaron que nada en Babilonia debía impedirles gozar de un nazareato tan elevado como nunca antes se había visto en Jerusalén, en el tiempo que estuvo; y su apreciación era justa. Juzgaron como juzga siempre una fe pura y bien fundada. Actuaron según el mismo juicio con que un Barac, un Gedeón, un Jefté y un Sansón actuaron en la antigüedad. El mismo juicio que expresó Jonatán cuando dijo: “Porque para con Jehová no hay estorbo en salvar por muchos o por pocos” (1 Samuel 14:6, VM). Continuará...


LEVÍTICO CAPÍTULOS 8 Y 9 PARTE 7

Estudio del libro de Levítico Estudio del libro de Levítico CAPITULOS 8 y 9 parte 7 Continuación... Las vestiduras sacerdotales eran la expr...