EN TUS ALTURAS 1



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ACÉRCATE SEDIENTO Parte 41

 


ACÉRCATE SEDIENTO Parte 41

CINCO: El corazón vuelto a casa

Busca a Carinette entre todos los rostros de aquel orfanato de Haití. Examina los cincuenta y siete niños de piel oscura, ojos brillantes y cabello encrespado que hablan francés creole, a ver si encuentras a una niña de siete años, única e irrepetible. No parece diferente a los demás. Come el mismo arroz con fríjoles.

Juega en el mismo campo polvoriento. Duerme bajo el techo de hojalata como las demás niñas y oye el mismo golpeteo de la lluvia tropical casi todas las noches. No obstante aunque parece igual a los demás, las apariencias engañan. Ella vive en un mundo diferente, un mundo llamado «mi futuro hogar». ¿Ves a la niña flaca que viste una camisa rosada? La niña con la nariz larga y cabello enredado que tiene un puñado de fotos. Pídele que te deje verlas. Carinette te las mostrará así no se lo pidas. Las fotografías muestran imágenes de su futura familia. Ella ha sido adoptada.

Sus padres adoptivos son amigos míos. Ellos le llevaron esas fotos, un oso de peluche, golosinas alimenticias y galletas. Carinette compartió los manjares y solicitó al director que le guardara su oso, pero siempre lleva consigo las fotografías. Así recuerda su futuro hogar. En un mes, a más tardar dos, estará allí. Ella sabe que el día llegará. Cada vez que se abre la puerta principal le salta el corazón. Cualquiera de estos días su padre entrará por esa puerta. Él prometió que volvería por ella. Vino la primera vez para reclamarla y volverá para llevarla a su nuevo hogar. Hasta ese momento vivirá con el corazón orientado al hogar. Continuará...


ACÉRCATE SEDIENTO Parte 40

 


ACÉRCATE SEDIENTO Parte 40

CUATRO: Morir para nacer

Unos lo amaron y otros lo aborrecieron, pero Escocia nunca lo olvidó. Hasta el día de hoy puede visitarse su hogar en Edimburgo y entrar a la habitación donde algunos creen que dio su último suspiro. Esto es lo que sucedió en aquella ocasión. Su compañero de labores, Richard Bannatyne, estaba junto a su lecho de muerte. La respiración de Knox se tornó dificultosa y lenta. Bannatyne se inclinó para hablar al oído de su amigo. «Ha llegado el momento de poner fin a tu batalla. ¿Tienes esperanza?» susurró a su amigo.

La respuesta del reformador moribundo llegó en la forma de un dedo. Levantó su dedo y lo apuntó hacia arriba y murió, acto con el cual inspiró a un poeta a escribir: . . . el ángel de la muerte lo dejó desmenuzar sus lazos deshilachados con la tierra, mientras el dedo frío y tieso apuntaba firme hacia el cielo.

Que tu muerte te encuentre apuntando en la misma dirección. Te recomiendo hacer lo siguiente: Entrega a Dios tu muerte. Imagina tu último suspiro, visualiza tus minutos finales y ofrécelos a Él. De forma deliberada y periódica. «Señor, recibo tu obra en la cruz y en tu resurrección. Confío a ti mi partida de la tierra». Con Cristo como tu amigo y el cielo como tu hogar, el día de la muerte se torna más dulce que el del nacimiento.

ACÉRCATE SEDIENTO Parte 39


 ACÉRCATE SEDIENTO Parte 39

CUATRO: Morir para nacer

¿Qué nos toca hacer mientras llega ese momento? Revisar nuestra lista de amigos. Por cuanto Lázaro llamó a Jesús su amigo, este lo llamó a salir de la tumba. En asuntos de vida o muerte, todos necesitamos un amigo en los lugares más altos. Si no lo tenemos, estamos en grandes problemas. «Cuando muere el hombre impío, perece su esperanza; y la expectación de los malos perecerá» (Proverbios 11.7). Asegúrate de que Jesús se refiera a ti con el mismo cariño que con Lázaro. Prepárate para la muerte entablando lazos fuertes de amistad con Cristo. «Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos» (Salmo 116.15).

El miedo a la muerte termina cuando uno sabe que el cielo es su hogar verdadero y permanente. En todos mis viajes aéreos nunca he visto a un pasajero llorar cuando el avión aterriza. Nunca. Nadie se aferra a la silla y ruega diciendo: «No me obliguen a salir, por favor. Quiero quedarme a comer más maní». Estamos dispuestos a salir porque el avión no tiene una ubicación permanente. Lo mismo sucede con este mundo. «Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo» (Filipenses 3.20). Juan Knox se identificaría con esto. Nacido en 1505 en Escocia, su predicación regeneró toda una sociedad. Este hombre inspiró a las masas y desafió los excesos del trono. 

Continuará...


LEVÍTICO CAPÍTULOS 8 Y 9 PARTE 7

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