LA ASAMBLEA DE DIOS CAPÍTULO 1
INTRODUCCIÓN
En un tiempo como el presente, cuando casi toda nueva idea se convierte en el centro o punto de reunión de alguna nueva asociación, no podemos menos que percibir el valor de tener convicciones divinamente formadas acerca de lo que es realmente la Asamblea de Dios. Vivimos en un tiempo de inusitada actividad intelectual y, en consecuencia, existe la más urgente necesidad de estudiar la Palabra de Dios con calma y oración. Esa Palabra —bendito sea su Autor— es como una roca que en medio del océano del pensamiento humano se mantiene inconmovible a pesar de la furia de la tempestad y del incesante embate de las olas. Y no sólo se mantiene inconmovible ella misma, sino que comunica su propia estabilidad a todos los que simplemente se emplazan sobre ella. ¡Qué gracia es poder escapar así del oleaje y de las sacudidas del tempestuoso océano y hallar la calma y el reposo en esa roca eterna!
Esto, verdaderamente, es una gran bendición. Si no fuera porque tenemos “la ley y el testimonio”, ¿dónde estaríamos? ¿Adónde iríamos? ¿Qué haríamos? ¡Qué oscuridad! ¡Qué confusión! ¡Qué perplejidad! Diez mil voces discordantes llegan, a veces, al oído, y cada voz parece hablar con tanta autoridad que, si uno no conoce bien la Palabra y se apoya en ella, hay un gran peligro de ser disuadido o, al menos, tristemente conmovido y turbado. El uno le dirá a Ud. que esto es lo correcto; el otro le dirá que lo es aquello; un tercero le dirá que todo es correcto y un cuarto le afirmará que nada es correcto. Con referencia a la posición eclesiástica, Ud. se encontrará con algunos que vienen aquí, otros que van allá, algunos que van a todos lados y también algunos que no van a ninguna parte.
Ahora bien, ¿qué debe hacer uno en tales circunstancias? No todo puede ser correcto; y, sin embargo, seguramente hay algo que tiene que serlo. No puede ser que estemos obligados a vivir en el error, en las tinieblas y en la incertidumbre. “Hay una senda” —bendito sea Dios— aun cuando “nunca la conoció ave, ni ojo de buitre la vio; nunca la pisaron animales fieros, ni león pasó por ella” (Job 28:7-8). ¿Dónde está esta senda segura y bendita? Oiga Ud. la respuesta divina: “He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia” (Job 28:28). Continuará...
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LA PLENA SUFICIENCIA DE CRISTO CAPÍTULO 40
5- VERDADERA PAZ DE CONCIENCIA Y AUTÉNTICO REPOSO DE CORAZÓN
Toda alabanza y acción de gracias sean dadas a nuestro Dios de que no necesitamos nada de eso. El nos ha dado en su Hijo amado todo lo que nos es necesario para la conciencia, el corazón y el camino para el tiempo, con todas sus escenas cambiantes, y para la eternidad, con sus infinitas edades. Bien podemos decir, como el poeta:
Cristo, encuentro todo en Ti, Y no necesito más;
No falta, no puede faltar, nada en el Cristo de Dios. Su expiación y su intercesión bastan para satisfacer todos los anhelos de la conciencia más profundamente ejercitada. Las glorias morales, los poderosos atractivos, de su Persona divina bastan para satisfacer las más intensas aspiraciones y los más fervientes anhelos del corazón. Y su incomparable revelación —ese inapreciable Volumen— contiene dentro de sus tapas todo lo que podamos necesitar, desde el principio hasta el fin de nuestra carrera cristiana en este mundo.
Querido lector, ¿no son así estas cosas? (véase Hechos 17:11) ¿No admite usted, desde el fondo mismo de su ser moral renovado, que estas cosas son verdad? Si es así, ¿descansa, en absoluta calma y reposo, en la obra de Cristo? ¿Se deleita en su Persona? ¿Se somete, en todo, a la autoridad de su Palabra? ¡Quiera Dios que así sea con respecto a usted y a todos los que profesan Su nombre! ¡Ojalá haya un testimonio más pleno, más claro y más decidido de la «plena suficiencia de Cristo», “hasta aquel día”!
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LA PLENA SUFICIENCIA DE CRISTO CAPÍTULO 39
5- VERDADERA PAZ DE CONCIENCIA Y AUTÉNTICO REPOSO DE CORAZÓN
Si las tradiciones de los hombres, ya sean padres, hermanos o doctores, se presentan como autoridad, las consideramos como una mota de polvo en la balanza (Isaías 40:15); y, en cuanto al racionalismo, sólo puede compararse a un murciélago a la luz del sol del mediodía, deslumbrado por el resplandor y golpeándose ciegamente contra objetos que no puede ver.
¡Qué gozo más profundo para el corazón poder apartarse de las tradiciones y doctrinas de los hombres, opuestas entre sí, y hallar reposo a la luz de la Santa Escritura! ¡Qué gozo experimenta el creyente cuando, tras encontrarse con los insolentes razonamientos del incrédulo, del racionalista y del escéptico, puede rendir todo su ser moral a la autoridad y al poder de la Santa Biblia, reconociendo con gratitud, en la Palabra de Dios, la única norma perfecta de doctrina, de moral, de todo! “Toda Escritura es inspirada divinamente y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instituir en justicia, para que el hombre de Dios sea perfecto [αρτιος], enteramente instruido para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16-17 RV 1909).
¿Qué más podemos necesitar? ¡Nada! Si la Escritura puede hacer a un niño “sabio para la salvación”, y puede hacer a un hombre “perfecto”, “enteramente instruido para toda buena obra”, ¿para qué necesitamos las tradiciones humanas o los vanos razonamientos humanos? Si Dios ha escrito un volumen para nosotros, si ha condescendido en gracia a darnos una revelación de su pensamiento respecto a todo lo que debemos saber, pensar, sentir, creer y hacer, ¿acudiremos a un pobre mortal semejante a nosotros, ya sea un ritualista o un racionalista, para que nos ayude? ¡Lejos esté de nosotros tal pensamiento! Acudir a la tradición o a la razón humanas para que suplan alguna deficiencia en la revelación divina, es lo mismo que si acudiésemos a algún mortal para que añada algo a la obra consumada de Cristo a fin de hacerla suficiente para nuestra conciencia, o para que supla alguna deficiencia en la Persona de Cristo a fin de hacerlo suficiente para nuestro corazón. Continuará...
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LA PLENA SUFICIENCIA DE CRISTO CAPÍTULO 38
5- VERDADERA PAZ DE CONCIENCIA Y AUTÉNTICO REPOSO DE CORAZÓN
Confundir estas dos cosas, es falsear enteramente la posición cristiana y acabar con toda disciplina piadosa en la Asamblea. Equivale a colocar la enseñanza de nuestro Señor en Mateo 13 en abierta oposición a la enseñanza del Espíritu Santo en 1 Corintios 5.
Sin embargo, no vamos a seguir adelante por ahora con este tema. Es demasiado importante y demasiado extenso como para despacharlo en un breve artículo como el presente. Quizá podamos discutirlo con mayor extensión en otra oportunidad, pues estamos plenamente convencidos de que requiere del lector cristiano una seria consideración. No se puede subestimar, de ningún modo, su importancia, pues concierne, de forma tan manifiesta, a la gloria de Cristo, a los intereses verdaderos de su pueblo, al progreso del Evangelio y a la integridad del testimonio y del servicio cristianos. Pero tenemos que dejarlo a un lado por el momento y terminar este artículo con una breve referencia al punto tercero y último de nuestro tema, a saber, la Palabra de Cristo como guía plenamente suficiente para nuestro camino.
La palabra de Cristo como guía plenamente suficiente para nuestro camino
Si la obra de Cristo es suficiente para la conciencia, y su adorable Persona es suficiente para el corazón, entonces, con toda seguridad, su Palabra preciosa es suficiente para el camino. Podemos asegurar, con toda la confianza posible, que tenemos en el divino volumen de las Sagradas Escrituras todo lo que podamos necesitar, no sólo para satisfacer todas las exigencias de nuestro camino individual, sino también las diversas necesidades de la Iglesia de Dios, en los más minuciosos detalles de su historia en este mundo.
Nos damos perfecta cuenta de que, al sentar tal afirmación, nos exponemos a mucha burla y oposición desde varios lados. Por un lado, toparemos con los abogados de la tradición y, por otro, con los que defienden la supremacía de la razón y de la voluntad humanas; pero esto en realidad nos importa muy poco. Continuará...
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